El Sol Naciente

19 de Marzo de 2007

Este 20 de marzo es el día mundial sin carne y puede ser el pretexto ideal para conocer el restaurante vegetariano de mayor tradición en Xalapa: El Sol Naciente.

En este pequeño local pintado de verde cotorro con saleros en forma de jitomate sobre las mesas podrás disfrutar de una comida vegetariana casera de las del tipo del vegetariano de Motolinea en la Ciudad de México.
Por sólo 27 pesos tendrás uan comida cuya selección ha sido rigurosa, buscando incluir todos los nutrientes sin sacrificar ese sazoncito con sabor a hogar.

El Sol Naciente no tiene nada que ver con los restaurantes vegetarianos “new ageros” que te cobran un ojo de la cara y te llenan el estómago con agua. Tampoco encontrarás el típico restaurante con personas grises sentadas en silencio comiendo sus lechugas remojadas que te caricaturizan en la escuela y que, desafortunadamente, existen.

El Sol Naciente es una fonda hogareña, generalemente amenizada con la radio veracruzana. Atienden dos personas ya mayores. El mesero, generalmente vestido con guayaberas, es muy simpático, con un humor extraño puede hacerte preguntas sorprendentes o por el contario parecer molesto y limitarse a servirte más agua.

Aunque la comida es ovolactovegetariana la señora que la prepara siempre está abierta a modificar en lo posible su oferta para preparar comida vegetariana.
Siempre hay para escoger entre sopa o crema y dos guisados, mismos que se pueden pedir “mixtos” si el antojo así lo requiere.

¿Qué se puede esperar del menu? Una entrada de fruta, una pequeña ensalada, platillo principal con arroz y guisado, agua fresca, rico pan integral y a veces, postre.
Como para ejemplo basta un botón les describiré lo que había hoy: agua de limón, una platito de papaya (fruta bomba) en rebanadas, un platito de betabel y zanahoria rallada con un aderezo cremoso; sopa de verduras con perla cebada o crema de verduras; de guisado había nopal relleno de frijol y queso (capeado como chile relleno) o potaje de coliflor con garbanzos ambos servidos con arroz integral rojo. No hubo postre pero ya hubiera sido demasiado.

El Sol Naciente tiene un encanto muy especial, podría ser un perfecto escenario para rodar una película y su cercanía con el mercado de San José permite que antes o después de comer uno pueda ir a surtirse con las frutas y verduras más frescas de la ciudad.

Es muy curioso cómo es más conocido por extranjeros que por jalapeños y también como las conversaciones y los encuentros casuales (las citas diría Borges) se dan con tanta espontaneidad entre sus muros. La gran ventana-pared de la entrada ofrece un interesante espectáculo (no deja de ser una calle muy transitada que pasa frente al mercado) así que ir a comer solo no es tan solitario como en otros sitios.

Conozco a varias personas a las que no les encanta el sazón del Sol Naciente, acaso la sientan muy pesada. Sin embargo, creo que la comida es sabrosa y a muy buen precio, una buena opción para introducirse poco a poco a la vida sin carne.

¿Dónde nace este peculiar sol? En la calle de Nogueira, que una cuadra arriba aún es insurgentes y a la siguiente es Rojano (el callejón del perro), es decir, frente al mercado San José. Como no tengo el número exacto baste decir que si uno viene de “abajo” (xalapeños ilustres) habrá de pasar una ferretería poco antes de encontrar el restaurante.

Espero que consideren esta opción para esos días en los que se quiere algo sano, nutritivo, casero y económico. Además, dicen las malas lenguas, que la tarde en la que uno come en el Sol Naciente te puede suceder uno de los siguientes: un reencuentro festivo con algún amigo perdido, la visita de una musa para una gran idea o un giro de 180° con respecto a algún problema emocional.¡Cuéntenos su experiencia!

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