El Parque Juárez es “El Lugar” para xalapeños y no xalapeños, es el jolgorio de los antojos y la visita obligada de quien quiera conocer la milagrosa diversidad de la ciudad. En las mañanas, este domingo por ejemplo, las familias se reúnen para gozar de los globos, las nieves, los churros y la risa. En la tarde se reúnen los jóvenes de todos colores: darketos, eskatos, emos, hippies (si quitamos las etiquetas, simplemente efervescentes humanos). Al atardecer y en las primeras horas de la noche aparecen los esquites, elotes y otras delicias. El público del parque cambia cada hora; jovencitas ruborizados en plan de ligue, parejas discutiendo el último minuto, señores con corbata que leen el periódico mientras los boleadores les pulen los zapatos, intelectuales buscando el inicio para su próxima ensayo, turistas ávidos de sensaciones, músicos presurosos, niños caprichosos pidiendo otro efímero juguete, hombres solitarios que buscan compañía masculina, ancianos que reposan en una banca, exposiciones de café o flores, perros, palomas, ardillas… El Parque Juárez se reinventa y retrata a la ciudad, muestra todos su matices. Es tan complejo que incluso de madrugada esperan a sus orillas travestis en busca de unos billetes. Parece inevitable disfrutar de esa plaza con su mirador que anuncia la niebla y sus triangulares jardines, cada rincón distinto, artesanal.
Frente a la Pinacoteca han abierto un café al aire libre un tanto extravagante con sillas de interesante diseño y música agradable. Pero no es ese sitio del cual escribiremos, en realidad solo lo hemos visto de paso en nuestro camino a las escaleras donde brilla aquél puesto. Pequeña caseta de la cual surge el cautivador aroma de “Los jotqueíks del Parque Juárez”, una gloriosa y económica tradición urbanita. Recomendación diezpesitera, un jotcaque cubierto con leche condensada, jarabe de chocolate, mermelada o cajeta cuesta 6 pesos y puede ser el postre que borre un mal rato o cierre con broche de oro una buena tertulia.
Aquellos ociosos que, en un ataque a lo Dorian Grey, quieran ser retratados de una forma especial, acaso tras el goce del jotqueik milagroso, pueden buscar a una joven tlaxalteca que sostiene un cartel fluorescente: por cuarenta pesos, Josefina López Carrillo realiza retratos a lápiz. Todos los días de enero, entre la una de la tarde y las ocho de noche, la culpable (llamada así por hábito literario) espera paciente sobre una banca frente a las escaleras que llevan a la entrada del Ágora, frente al Mirador. Dedicada normalmente al ánime, esta joven se ha aventurado a ofrecer retratos realistas en la dulce Xalapa, acaso como una secreta manda o como parte de un oscuro plan. Sea la razón que sea hemos conseguido su dirección de correo para todos aquellos lectores que deseen contactarse con ella cuando, una vez pasado enero, descubran que el retrato ha cambiado, sutilmente, tras alguna travesura: sareki16@hotmail.com
Hace tiempo que en diezpesitos hemos querido darle su lugar al céntrico, ilustre y plural Parque Juárez y sólo nos queda comprender que, por su complejidad y naturaleza mutable, deberá ser poco a poco. Invitamos a nuestros lectores que nos envíen sus impresiones del Parque Juárez, alguna historia, consejo o recuerdo. Pueden hacerlo en modo de comentario a este post o enviarnos su texto a info@diezpesitos.com y lo publicaremos como una entrada aparte.